Publicado el 21-08-2026 en UCC
El decálogo de Zovatto
El flamante doctor honoris causa de la UCC, Daniel Zovatto, compartió 10 recomendaciones para que las y los estudiantes “naveguen un mundo turbulento e incierto con esperanza”.
El pasado 18 de agosto, al cierre del acto de entrega del doctorado honoris causa a Antonio María Hernández y a Daniel Zovatto, este último se dirigió especialmente a las y los estudiantes para compartirles 10 recomendaciones o consejos que publicamos a continuación.
Por Daniel Zovatto (*)
Estas reflexiones van dirigidas especialmente a ustedes, los estudiantes. Empiezo con una confesión: no tengo la menor idea de cómo será el mundo en el que ustedes van a vivir y trabajar. Es un mundo nuevo y la nostalgia no es una estrategia —citando al primer ministro canadiense Marc Carney—, como dije al inicio de mi primera intervención.
Mi generación se formó con mapa y brújula. Ustedes en cambio van a necesitar un GPS muy sofisticado que deberá actualizarse permanentemente.
Cuando yo inicié mi vida profesional, existía una carta de navegación relativamente previsible.
Ustedes van a vivir algo muy diferente. Desarrollarán sus vidas profesionales durante los próximos cincuenta o sesenta años en un mundo de cambios sucesivos, acelerados, disruptivos y, muchas veces, imprevisibles.
De ahí mi consejo: si en este escenario VICA —volátil, incierto, complejo y ambiguo— en el que vivimos, alguien les dice con total certeza, cómo va a ser su futuro laboral, desconfíen. No le crean. Yo no lo sé. En realidad nadie lo sabe a ciencia cierta, y esta es, paradójicamente, la primera reflexión que deseo compartir con ustedes esta tarde.
¿Entonces, cual es mi consejo para navegar este mundo?
Primero: conviertan el aprendizaje en un hábito de toda la vida.
El título universitario ya no será el final de la formación sino apenas el comienzo. En el futuro, la verdadera ventaja no será saber más que los demás en un determinado momento, sino tener la capacidad de aprender más rápido, comprender lo nuevo y adaptarse inteligentemente. Para ello tendrán que aprender, desaprender y volver a aprender numerosas veces.
Segundo: sean flexibles y resilientes
Probablemente muchos de ustedes cambiarán varias veces de trabajo, de funciones e incluso de profesión. No se aferren demasiado a una única ruta. Desarrollen capacidad de anticipación, adaptación y resiliencia.
Tercero: cultiven aquello que nos hace profundamente humanos, lo que nos hace insustituibles.
Pensamiento crítico, creatividad, curiosidad, habilidad para comunicar y escuchar, empatía, liderazgo, capacidad para trabajar en equipos multiculturales e interdisciplinarios y, sobre todo, de convivir profesionalmente con un actor extraordinariamente poderoso: la inteligencia artificial. Trabajarán con algoritmos, robots y agentes de IA súper inteligentes. La IA transformará —ya lo está haciendo—profesiones, empresas, gobiernos y nuestras propias vidas. El debate que debemos tener no es solamente tecnológico, es también ético y filosófico: que tipo de seres humanos —y no solo profesionales— queremos formar y que sociedades deseamos ayudar a construir.
Como bien ha señalado el Papa León XIV en su encíclica Magnífica Humanitas, cuanto más poderosa sea la tecnología, más importante será la formación humana. En dicha Encíclica, el Santo Padre sostiene que la formación humana es hoy más necesaria que nunca porque la inteligencia artificial puede proporcionar información y respuestas rápidas, pero no sustituir la conciencia, el juicio moral, el pensamiento crítico, la creatividad ni la capacidad de amar. Frente al riesgo de delegar en los algoritmos nuestra libertad y nuestras decisiones, educar debe significar formar personas capaces de discernir, buscar la verdad, asumir responsabilidades y utilizar la tecnología de manera crítica, ética y verdaderamente humana.
Cuarto: no inviertan únicamente en su currículum.
Inviertan también en su carácter, en sus principios y en sus valores. Practiquen la ética antes de necesitarla: Disciplina. Compromiso. Responsabilidad. Integridad. Empatía. Solidaridad. Resiliencia.
Quinto: no confundan velocidad con dirección.
Cuiden su energía con la misma atención con la que cuidan su currículum; pero cuiden también su salud y sus vínculos personales, para que, cuando lleguen al final de sus carreras, no solo puedan sentirse orgullosos de su trayectoria profesional, sino que conserven la salud, la pareja, la familia y los amigos con quienes disfrutarla. Ustedes tienen, además, el privilegio de formarse en una universidad de tradición ignaciana. Y todo privilegio conlleva una responsabilidad. Recibir una educación universitaria de excelencia no consiste únicamente en preguntarse: ¿hasta dónde puedo llegar?
También obliga a preguntarse: ¿qué voy a hacer por los demás con aquello que he recibido? ¿Qué voy a devolverle a la sociedad? Necesitarán una brújula moral para aquellos momentos en los que la tecnología pueda decirles qué es posible hacer, pero no qué es correcto hacer. Porque en la vida profesional enfrentarán decisiones en las que lo más rentable, lo más rápido o lo más eficiente no será necesariamente lo mejor. Y para decidir correctamente en esos momentos necesitarán guiarse por sus principios y valores. Porque talento sin valores puede ser peligroso. Tecnología sin ética puede ser devastadora. Y poder sin responsabilidad puede hacer un enorme daño.
Sexto: no subestimen los desafíos que les tocará enfrentar. Pero tampoco permitan que la incertidumbre los paralice ni que la ansiedad les robe la esperanza.
Prepárense. Trabajen. Equivóquense. Aprendan. Vuelvan a intentarlo. El mundo que reciben está lleno de problemas y riesgos. Sería ingenuo negarlo. Pero también es un mundo extraordinariamente fascinante, lleno de posibilidades que ninguna generación anterior tuvo. Descúbranlo. Transfórmenlo. Y comprométanse con hacerlo mejor. Háganlo con esperanza. No necesariamente con optimismo. El optimismo es la expectativa de que las cosas saldrán bien; la esperanza es la decisión de seguir adelante incluso cuando nada garantiza que así será por que tienes la certeza de que eso que estas haciendo tiene sentido. Y en estos tiempos superficiales, marcados por la incertidumbre, el consumismo y el egocentrismo, mi último consejo es —como bien señala el padre Pablo Lamarthee en su libro En lo profundo, cuya lectura les recomiendo encarecidamente— que vivan con hondura; que crean en ustedes mismos, tengan paciencia, sean perseverantes y aprendan a levantarse después de cada caída.
Permítanme concluir mis reflexiones con unas palabras de Albert Camus —uno de mis autores favoritos— que condensan bien el espíritu con el que me gustaría que ustedes salgan a enfrentar ese futuro. En su libro El Verano (1953) escribió: “No importa lo duro que el mundo empuje en mi contra, dentro de mí hay algo mejor empujando de vuelta”.
Este es mi mensaje final para ustedes: salgan a navegar este mundo turbulento e incierto con coraje, con una “grande y determinada determinación” como aconsejaba Santa Teresa de Jesús, con curiosidad y esperanza. Atrévanse a explorar, a equivocarse, a aprender y a volver a empezar. Y cuando lleguen las dificultades —porque llegarán—, aférrense a sus valores, pónganse de pie una y otra vez y sigan “empujando de vuelta”. Porque el futuro no pertenece a quienes esperan que pase la tormenta, sino a quienes se atreven a navegarla. No tengan miedo. Vivan intensamente. Y, sobre todo, no se rindan nunca.
Decálogo para vivir con propósito y esperanza en tiempos inciertos y cambios acelerados
Conviertan el aprendizaje en un hábito permanente. Aprendan durante toda la vida. El título universitario es un punto de partida, no de llegada. Aprendan, desaprendan y vuelvan a aprender.
Sean flexibles y resilientes. Adáptense sin perder su identidad. Sean flexibles ante los cambios, pero firmes en sus principios y valores. Desarrollen capacidad de anticipación, adaptación y resiliencia.
Cultiven lo que los hace humanos, lo que los hace insustituibles. Fortalezcan el pensamiento crítico, la creatividad, la curiosidad, la empatía y la capacidad de amar.
Hagan de la inteligencia artificial una aliada, nunca su conciencia. Utilicen la tecnología para ampliar sus capacidades, pero no le deleguen su libertad, su juicio moral ni sus decisiones.
Inviertan tanto en su carácter como en su currículum. El conocimiento abre puertas; la integridad determina qué harán cuando las atraviesen.
No confundan velocidad con dirección. Antes de avanzar más rápido, asegúrense de saber hacia dónde van y para qué.
Pongan su talento al servicio de los demás. No se pregunten solamente hasta dónde pueden llegar, sino qué van a devolverle a la sociedad con aquello que han recibido.
Guíense siempre por una brújula moral. No todo lo posible es correcto, no todo lo rentable es justo y no todo lo eficiente es necesariamente bueno. Practiquen la ética antes de necesitarla.
No inviertan únicamente en su currículum: cuiden su salud, su energía y sus afectos. Ningún éxito profesional estará completo si, al alcanzarlo, no tienen con quién compartirlo ni salud para disfrutarlo.
Abracen la incertidumbre con esperanza —no con optimismo— y no se rindan nunca. Prepárense, trabajen, equivóquense, aprendan, levántense y vuelvan a intentarlo. Que la incertidumbre no los paralice ni la ansiedad o el temor les robe la esperanza.
*Palabras pronunciadas al cierre del acto de entrega del doctorado honoris causa que le confirió la Universidad Católica de Córdoba, el martes 18 de agosto de 2026.