Publicado el 06-11-2026 en UCC
Odontología adaptada
Nuestra graduada Camila Chihadeh combina su profesión con una historia familiar dedicada a la atención inclusiva de pacientes.
Cada paciente llega al consultorio con una historia propia, necesidades particulares y tiempos diferentes. Comprender esa realidad también forma parte del cuidado odontológico y, en ocasiones, define el rumbo de una vocación. Ese fue el camino de Camila Chihadeh, odontóloga de 26 años egresada de nuestra Universidad, que hoy se desempeña en la provincia de Salta, y que encontró en la atención de personas con discapacidad la forma de unir su ejercicio profesional con su historia de vida.
La inspiración principal de Camila siempre estuvo en casa: su tía Malak, quien tiene parálisis cerebral y con quien compartió habitación durante su infancia. Esa convivencia le enseñó sobre empatía y cuidado de una manera que ningún libro académico puede transmitir. Aunque al principio su meta era estudiar medicina, la derivación a odontología terminó transformándose en su pasión cuando en la UCC cursó la materia obligatoria de atención a pacientes con discapacidad y comenzó sus prácticas de ayudantía y rotaciones hospitalarias junto a mentores como el docente Gustavo Molina. Hoy, Camila recibe en su consultorio a familias que han recorrido decenas de espacios sin hallar respuesta, brindando un abordaje donde la paciencia, el tiempo y la escucha atenta son la prioridad.
¿En qué momento o frente a qué paciente sentiste que tu carrera daba ese giro decisivo hacia la odontología adaptada?
Ese quiebre se dio cuando cursé la materia sobre discapacidad en quinto año y durante las rotaciones hospitalarias. Al entrar al quirófano y abordar casos complejos de fracturas, discapacidades y diversas patologías, comprendí con claridad que la profesión tenía un alcance mucho más profundo y que había algo fundamental más allá de los dientes.

¿Cómo es la dinámica de una primera consulta en tu espacio? ¿Aplicás alguna estrategia especial?
La primera consulta siempre es de adaptación. Busco conocer al paciente, pero también que ellos mismos evalúen y decidan si yo soy la odontóloga adecuada para acompañarlos. En el caso particular de pacientes con autismo, la primera cita la realizo exclusivamente con los padres o tutores: en ese encuentro me dedico a averiguar en detalle sobre sus gustos, antecedentes, terapias y dinámicas cotidianas para planificar la atención de la mejor manera.
¿Qué reflexión o consejo te gustaría dejarle a los estudiantes de la UCC que hoy están transitando la carrera y buscando su propio perfil?
Mi consejo para mis futuros colegas es que se animen a marcar la diferencia, que busquen destacar y comprometerse con causas distintas aportando siempre su impronta personal. Les diría que llenen su mochila de herramientas que, aunque a primera vista parezca que no tienen relación directa con lo que estudian, siempre terminan sirviendo. Cuando me recibí hice cursos de colorimetría y de oratoria pensando que no los utilizaría en el consultorio, y la realidad es que hoy los aplico de manera inconsciente todos los días.
¿Qué te llevás o rescatás de tu paso por la UCC?
De la UCC me llevo tanto habilidades duras como blandas. El compromiso social de la universidad es algo tan marcado que te impulsa a recibirte con el deseo profundo de continuar por ese mismo camino en el ejercicio diario. Además, los docentes de la casa son motivo suficiente para estudiar allí: representaron para mí contención y educación en un mismo lugar.
Conocé cómo es estudiar Odontología en la UCC.